Sobreviviente de ataque con ácido acusa a Carlos Vives de incumplir su promesa de un concierto benéfico
María Consuelo Córdoba, víctima de un brutal ataque con ácido, relata el presunto incumplimiento de una promesa de ayuda por parte del famoso cantante colombiano.
Vía BeLatina · BELatina Daily

María Consuelo Córdoba ha vivido 26 años con las devastadoras consecuencias de un ataque con ácido en el año 2000, que ha requerido 87 cirugías y la ha forzado a pedir en autobuses de Bogotá. Recientemente, retiró su solicitud de eutanasia tras recibir una nueva promesa de apoyo médico y de vivienda. Sin embargo, en una entrevista, acusó públicamente al reconocido cantante Carlos Vives de prometerle un concierto benéfico y no cumplirlo.
La vida de María Consuelo Córdoba ha estado marcada por una tragedia incomprensible. Hace 26 años, en el año 2000, su expareja la atacó con ácido, causándole daños irreparables en la cara que han requerido 87 cirugías y le han dejado secuelas físicas y psicológicas profundas. Para subsistir, María Consuelo se ha visto obligada a mendigar en los autobuses de Bogotá, una realidad desgarradora que ha acompañado su lucha diaria por la supervivencia. En una reciente entrevista en el programa "Vamos pa' eso", Córdoba reveló una noticia agridulce: ha decidido retirar su solicitud de eutanasia, previamente aprobada, gracias a la perspectiva de dos nuevas cirugías que podrían mejorar su calidad de vida y la promesa de ayuda para conseguir una vivienda propia. Sin embargo, la entrevista también sirvió de plataforma para una impactante acusación pública contra una de las figuras más emblemáticas de la música colombiana, Carlos Vives.
Según el testimonio de Córdoba, tras hacerse pública su historia, Vives se puso en contacto con ella. Ella describe un encuentro emotivo en el que el artista la abrazó y, con lágrimas en los ojos, la invitó a su restaurante Gaira. Allí, según Córdoba, Vives le prometió organizar un concierto benéfico, con entradas a 600.000 pesos colombianos (aproximadamente 150 dólares estadounidenses), para recaudar fondos para sus tratamientos. Ella y una amiga fueron al restaurante, donde les sirvieron salmón, una arepa y un zumo de guanábana, pero el evento prometido nunca se materializó. Córdoba lamenta que Vives ni siquiera le diera 5.000 pesos (menos de 2 dólares) para el billete de autobús de vuelta a casa después de la visita. Hasta el momento, Carlos Vives no ha emitido ninguna respuesta pública a estas afirmaciones.
La historia de María Consuelo es un doloroso testimonio de la violencia machista y sus consecuencias a largo plazo. El ataque con sustancias químicas, perpetrado por su expareja tras ella negarse a retomar la relación, dejó su rostro devastado y desencadenó una cascada de problemas médicos y financieros que han definido las últimas dos décadas y media de su existencia. Con 87 cirugías a sus espaldas y complicaciones de salud continuas derivadas del ataque original, Córdoba ha vivido en un ciclo incesante de intervenciones médicas que su precaria situación económica ha hecho extremadamente difícil de afrontar. Incapaz de trabajar debido a sus lesiones, ha dependido de la caridad en los autobuses de Bogotá como medio de subsistencia, una cruda realidad que ha marcado un cuarto de siglo de lucha por seguir adelante.
Hace cuatro años, el peso acumulado de estos problemas de salud llevó a Córdoba a solicitar la eutanasia, un proceso para el cual Colombia ha establecido canales legales y que ella había logrado aprobar. La decisión de retirar esa solicitud no implica que la gravedad de su situación haya disminuido, sino más bien un cambio en sus circunstancias. Las nuevas opciones quirúrgicas y el apoyo material para una vivienda han abierto un camino hacia el futuro que antes no existía, ofreciéndole una nueva esperanza y una alternativa a la decisión final que había contemplado.
La retirada de la solicitud de eutanasia por parte de Córdoba viene acompañada del compromiso de varias personas para financiar dos cirugías adicionales que podrían mejorar significativamente su calidad de vida, así como asistencia para que pueda tener un hogar propio. La combinación de estos dos factores –la esperanza médica y la estabilidad de una vivienda– parece haber reconfigurado su percepción del futuro de una manera que los años de mendicidad en los autobuses y la gestión de 87 cirugías no habían logrado por sí solos. Es un testimonio de resiliencia y de la importancia de un sistema de apoyo adecuado en situaciones tan extremas.
La dolorosa experiencia de María Consuelo se sitúa en la intersección de múltiples fallos: el fallo del sistema judicial para prevenir que un hombre destruya la vida de una mujer por negarse a volver con él; el fallo de la sociedad para proporcionar un apoyo adecuado a las víctimas de violencia de género; y, si su relato es exacto, el fallo de una figura pública tan celebrada como Carlos Vives al no cumplir una promesa hecha a una de las personas más vulnerables que ha conocido. Córdoba sobrevivió a un ataque con ácido, ha gestionado sus consecuencias durante 26 años mayormente sola, y aun así ha encontrado la fuerza para hacer pública su experiencia, forzando a la sociedad colombiana a mirar lo que le sucedió y a preguntarse qué se propone hacer al respecto.
