Quevedo y Kidd Voodoo reivindican la identidad local en la escena urbana
Raíces insulares y chilenas en el epicentro de la vanguardia contemporánea
Vía Billboard Español · Isabela Raygoza

Quevedo y Kidd Voodoo mantuvieron una profunda charla sobre la influencia de sus lugares de origen dentro del sonido global de la música urbana actual. El artista canario rememoró el impacto determinante de su éxito histórico junto a Bizarrap y su exploración de sonoridades caribeñas como la salsa y el merengue. Por su parte, el intérprete chileno detalló su evolución desde las guitarras del rock hasta el reguetón y apostó por la colaboración comunitaria para hacer crecer el género.
La música urbana ha dejado de responder a patrones geográficos cerrados para nutrirse de la riqueza de distintas latitudes, combinando raíces autóctonas con tendencias de producción de vanguardia. Esta fue la tesis central defendida por el canario Quevedo y el chileno Kidd Voodoo durante el encuentro El Nuevo Movimiento Urbano, celebrado en el Faena Theater de Miami Beach. Ambos creadores pusieron en valor cómo las vivencias de sus entornos natales resultan cruciales para construir una firma estilística propia dentro de un mercado hiperconectado.
Quevedo incidió con especial orgullo en el papel que juega su origen insular a la hora de estructurar sus trabajos. Para el vocalista canario, crecer en un archipiélago que funciona históricamente como puente natural entre España y Latinoamérica ha determinado el ADN rítmico de entregas discográficas como Buenas Noches y El Baifo. En estos proyectos, el sonido callejero convive de manera orgánica con géneros clásicos del trópico como el merengue o la salsa, demostrando que relatar la realidad cotidiana más cercana es la mejor vía para dotar de singularidad a cualquier propuesta sonora.
El artista grancanario también echó la vista atrás para rememorar la trascendencia de su histórica alianza de 2022 con el productor argentino Bizarrap, una producción electrónica que pulverizó registros de difusión planetaria y copó las listas de mayor repercusión internacional. Quevedo reconoció que, pese a irrumpir en una fase muy temprana de su carrera profesional, aquel himno universal que inundó los clubes de todo el mundo supuso un antes y un después en su trayectoria vital, manteniendo un cariño inalterable hacia una melodía que le abrió las puertas globales de par en par.
Por su parte, Kidd Voodoo relató su fascinante metamorfosis artística, marcada por una etapa previa vinculada a bandas de rock, exploraciones instrumentales en el jazz y cadencias de bossa nova. El confinamiento sanitario impulsó su inmersión definitiva en el reguetón, un género que había absorbido desde la infancia en las reuniones familiares a través de clásicos indiscutibles de Don Omar o Jariel. Tras comprobar la excelente acogida de sus primeras composiciones, el músico chileno asumió los ritmos urbanos como un pilar irremplazable de su lenguaje, asegurando que actualmente no se concibe sin esa base bailable.
La sesión concluyó con una reflexión sobre la necesidad de tender puentes creativos colectivos, destacando especialmente el papel de las mujeres en la renovación de la escena. Kidd Voodoo expresó su profunda admiración por referentes chilenas contemporáneas como Mon Laferte, Albana Cruz, María José Quintanilla o Sofía, subrayando que las sinergias compartidas y la colaboración mutua constituyen la única vía sólida para que los nuevos movimientos musicales sigan creciendo con fuerza y amplificando su mensaje en todo el mundo.
