Lionel Messi se despide de la Selección Argentina tras 207 partidos, dejando un legado inigualable
El astro argentino cuelga las botas con la Albiceleste después de más de dos décadas, marcando el fin de una era legendaria.
Vía BeLatina · BELatina Daily

Lionel Messi anunció su retirada de la selección argentina el lunes 31 de agosto de 2026, cerrando un capítulo que comenzó en agosto de 2005. A lo largo de más de dos décadas, disputó 207 partidos, anotó 125 goles y repartió 68 asistencias, consolidándose como el jugador más decisivo de la Albiceleste. Su última imagen fue de lágrimas tras la derrota en la final del Mundial de 2026, un símbolo de la complejidad de una carrera marcada por la presión y el éxito.
Lionel Messi, el icónico número 10 de la selección argentina, anunció su retirada definitiva el lunes 31 de agosto de 2026. Este momento marca el final de una era de más de dos décadas con la Albiceleste, que comenzó en agosto de 2005 y se extendió a lo largo de 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias. Cifras que, por sí solas, apenas arañan la superficie de la influencia y el impacto que ha tenido en el fútbol argentino y mundial. Messi deja la selección como el jugador más decisivo de su historia, un legado que, más allá de los números, se forjó a base de momentos inolvidables y, a veces, desgarradores. Su última imagen con la camiseta nacional no fue de júbilo, sino de lágrimas, tras la derrota en la final del Mundial de 2026 ante España. Esa estampa, con el considerado mejor jugador de la historia del país llorando tras un torneo en lugar de alzando un trofeo, resume la compleja trayectoria de una carrera que siempre llevó consigo el enorme peso de las expectativas, tanto como la alegría del éxito alcanzado.
La trayectoria que culminó el pasado lunes comenzó de forma inusitadamente caótica. Messi debutó en un amistoso contra Hungría en agosto de 2005, siendo expulsado a los pocos segundos de entrar al campo. Un inicio tan turbulento que poco hacía presagiar la magnitud de lo que estaba por venir. Durante los siguientes veintiún años, reescribiría casi todos los récords de la historia del fútbol argentino. Conquistó un Mundial, dos Copas América, una Finalissima y una medalla de oro olímpica, convirtiéndose en el único jugador argentino en la historia cuya grandeza ha sido comparada, e incluso discutida, con la de Diego Maradona.
Las estadísticas acumuladas por Messi con Argentina a lo largo de dos décadas se sitúan en una categoría propia. Sus 125 goles casi duplican los de su perseguidor más cercano, Gabriel Batistuta, quien anotó 54. Sergio Agüero ocupa el tercer puesto en la lista histórica con 41 goles, una cifra que Messi triplicó. Sus 207 apariciones le convierten en el jugador con más partidos en la historia de Argentina, superando a Javier Mascherano y Ángel Di María, ambos compañeros suyos en múltiples ciclos de torneos.
En la Copa del Mundo, Messi comparte con Cristiano Ronaldo el honor de haber participado en seis ediciones, pero supera al portugués en prácticamente todas las demás categorías: 34 partidos disputados en Mundiales, la mayor cantidad de minutos, victorias y titularidades. Sus 21 goles en Copas del Mundo lo sitúan como el segundo máximo goleador de la competición, solo uno por detrás de Kylian Mbappé, mientras que sus 12 asistencias le colocan en solitario en la cima de esa lista particular. En la Copa América, marcó 14 goles en 39 partidos, quedando segundo en la historia argentina detrás de Norberto Méndez, quien anotó 17 en tres ediciones en la década de 1940. En las eliminatorias sudamericanas, logró 36 goles en 72 apariciones.
Los trofeos que Messi ganó con Argentina no llegaron fácilmente ni de forma rápida. Los años que pasó intentando conquistarlos antes de lograrlo son una parte tan fundamental de su historia con la selección como las propias victorias. Ganó el Mundial Sub-20 en 2005 y la medalla de oro olímpica en Pekín en 2008, y después tuvo que esperar trece años antes de levantar otro trofeo con la selección absoluta. Cuatro finales de Copa América perdidas, una final del Mundial en 2014 en Brasil perdida por penaltis, un breve y angustioso retiro del fútbol internacional en 2016 seguido de un regreso: el camino al Maracaná en 2021 fue tan largo que la celebración, cuando finalmente llegó, se sintió como la liberación de dos décadas de presión acumulada.
La victoria en la Copa América de 2021, que puso fin a una sequía de 28 años sin títulos para Argentina, fue el punto de inflexión que cambió el registro emocional de su relación con la selección. Todo lo que vino después se sintió más como abundancia que como obligación. La Finalissima en 2022, una victoria por 3-0 sobre Italia en Londres en la que proporcionó dos asistencias. El Mundial de Catar en 2022, donde marcó dos goles en la final contra Francia, ganó la Bota de Oro y alzó el trofeo que había perseguido durante toda su carrera. Otra Copa América en 2024, una final contra Colombia de la que tuvo que retirarse pronto debido a una lesión en el tobillo. Y, finalmente, la final del Mundial de 2026, disputada en Estados Unidos, la última gran ambición que se le escapó ante España. Ahora, la cuestión de qué hará Argentina sin Messi es una que el país ha estado posponiendo durante años, extendiendo su carrera un torneo tras otro. La actual generación de jugadores argentinos creció enteramente en la era Messi y nunca ha tenido que construir una identidad sin él.
