NoticiasActualidad · 08 de octubre de 2026

Cincuenta y tres céntimos es lo que se les paga a las latinas por mantener esta economía en marcha y nuestra paciencia se ha agotado

La brecha salarial para las mujeres latinas en EE.UU. persiste, costando millones a lo largo de una carrera

Vía BeLatina · BELatina Daily

Cincuenta y tres céntimos es lo que se les paga a las latinas por mantener esta economía en marcha y nuestra paciencia se ha agotado

El Día de la Igualdad Salarial para las Latinas cae este año el 8 de octubre, lo que significa que a estas mujeres les ha llevado hasta esa fecha de 2026 equiparar lo que los hombres blancos no hispanos ganaron solo en 2025. Un nuevo informe de Equal Rights Advocates, "Una Agenda de Justicia Salarial para Latinas", destaca que contribuyeron con 1.3 billones de dólares al PIB estadounidense en 2021, pero aún ganan solo 53 céntimos por cada dólar que perciben los hombres blancos no hispanos. Esta disparidad representa una pérdida anual de 33.370 dólares para la trabajadora latina promedio, suman

El Día de la Igualdad Salarial para las Latinas se celebra este año el 8 de octubre, una fecha que subraya una realidad desalentadora: a las mujeres latinas les lleva hasta esa fecha de 2026 ganar lo mismo que un hombre blanco no hispano obtuvo solo en 2025. Esta brecha salarial, que obliga a trabajar casi diez meses más para equiparar los ingresos de un año natural de otros, es el foco de un nuevo y contundente informe de Equal Rights Advocates, titulado "Una Agenda de Justicia Salarial para Latinas". El documento expone la magnitud de esta disparidad con datos que son difíciles de digerir e imposibles de justificar. A pesar de que las latinas aportaron 1.3 billones de dólares al Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos solo en 2021, su compensación salarial sigue siendo de tan solo cincuenta y tres céntimos por cada dólar que perciben sus homólogos masculinos blancos no hispanos. Esta diferencia se traduce en una pérdida anual de 33.370 dólares para la trabajadora latina promedio, lo que asciende a más de un millón de dólares a lo largo de toda una carrera profesional. Una cifra asombrosa y totalmente desaparecida de sus bolsillos.

Estas cifras no son meras abstracciones estadísticas, y esta discusión trasciende cualquier debate sobre ambición o esfuerzo individual. Ese dinero que falta representa una cantidad sustancial que podría cubrir, por ejemplo, más de un año de alquiler, treinta meses de guardería o treinta y nueve meses de la compra semanal de alimentos. Esto significa que la brecha salarial no es una simple inequidad numérica confinada a una hoja de cálculo, sino una realidad material diaria que modela profundamente la vida de las latinas: dónde pueden permitirse vivir, la calidad de la alimentación de sus hijos y si pueden o no afrontar una enfermedad. El informe, redactado por Seher Khawaja, Directora Nacional de Justicia Económica en Equal Rights Advocates, no solo detalla la magnitud del problema, sino que también propone una agenda política exhaustiva para abordarlo. Lo que describe es una fuerza laboral que sustenta pilares fundamentales de la economía estadounidense, pero que es remunerada como si su contribución fuera insignificante o prescindible.

La brecha salarial, ya de por sí ofensiva en su promedio de cincuenta y tres céntimos, se agrava drásticamente al analizar las disparidades dentro de la propia comunidad latina, según revela el informe. Mujeres de origen mexicano ganan tan solo treinta y cinco céntimos por cada dólar que perciben los hombres blancos no hispanos. La situación es aún más precaria para mujeres guatemaltecas y hondureñas, cuyos ingresos pueden caer hasta los veintinueve céntimos por dólar, situándolas muy por debajo del umbral de la pobreza en la mayor parte del país. En 28 estados, las latinas percibieron menos de la mitad del salario de los hombres blancos en 2023, ganando menos de 23.000 dólares anuales, una cifra que queda por debajo del umbral de pobreza federal para un adulto soltero con dos hijos. Esto no es una brecha; es un abismo socioeconómico, con nombres, rostros y familias detrás de cada cifra.

El informe atribuye estas disparidades a una discriminación interseccional que se manifiesta por género, raza, etnia y estatus migratorio. Esto implica que la brecha salarial no es el resultado de decisiones individuales o diferencias de habilidades, sino de un entramado de fuerzas estructurales superpuestas que empujan a las latinas hacia empleos de baja remuneración, les privan de beneficios esenciales y las dejan vulnerables ante infracciones laborales. Las latinas tienen un 88% más de probabilidades que las mujeres blancas de sufrir violaciones relacionadas con el salario mínimo, un riesgo que se incrementa aún más para aquellas que no son ciudadanas, quienes pueden temer represalias o la deportación si denuncian. Lejos de estar roto, el sistema opera con precisión para quienes se benefician de la mano de obra barata que estas mujeres proporcionan.

La segregación ocupacional, lejos de ser accidental, es un patrón estructural deliberado, según el análisis del informe. Las latinas representan el 8.8% de la fuerza laboral total de Estados Unidos, pero constituyen el 17.3% de la fuerza laboral de bajos salarios. Una cuarta parte de las trabajadoras latinas a tiempo completo se concentran en sectores como la preparación de alimentos, hostelería, limpieza comercial, atención sanitaria, cuidado de personas mayores y trabajo doméstico. Estas industrias suelen ofrecer ingresos variables, horarios impredecibles, escasos beneficios y prácticamente nulo tiempo libre. El informe señala que muchas inmigrantes latinas poseen una amplia gama de cualificaciones y experiencia profesional en sus países de origen, pero al llegar a Estados Unidos son sistemáticamente canalizadas hacia estos roles de servicio de baja remuneración, sin importar su preparación previa. Estar sobrecualificada y mal pagada no es un problema personal, sino una consecuencia de políticas que Estados Unidos ha decidido no corregir.

Este encauzamiento hacia empleos precarios se ve agravado por las desproporcionadas responsabilidades de cuidado que recaen sobre las latinas en el ámbito doméstico. El cuarenta y cinco por ciento de las madres latinas son el principal sostén económico de sus hogares, al tiempo que ejercen como cuidadoras primarias de hijos y familiares mayores, a menudo sin los beneficios necesarios que harían sostenible esta doble carga. Lamentablemente, solo el 18% de las latinas tienen empleos con beneficios patrocinados por el empleador, y más de la mitad carecen de acceso a un seguro médico adecuado, lo que agrava aún más su vulnerabilidad económica y social.

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